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La caza de la ballena

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En la Edad Media, y hasta mediados del siglo XVII (1650, aproximadamente), la principal actividad de muchos pueblos pesqueros fue la caza de la ballena. Candás, Luanco o Antromero fueron puertos balleneros, y sus actividades se recogen en documentos de la época. La especie que capturaban era la ballena franca, que durante los meses de invierno se desplazaba cerca de las costas del Cantábrico. Este tipo de ballena era la más fácil de cazar, ya que cuando se la arponea y muere, sale a la superficie y flota. Además, era muy apreciada porque su capa de grasa es muy gruesa.

El puerto ballenero de Candás estaba en la zona que ocupa la actual residencia de Perlora. Hasta allí se remolcaban las ballenas capturadas, para descuartizarlas y aprovechar su carne y su grasa.

Pero antes vamos a ver cómo se cazaban las ballenas:

Los balleneros se agrupaban en compañías, que se organizaban en las cofradías de pescadores de cada puerto. Las cofradías ponían las normas que regulaban la caza de las ballenas: las temporadas de caza, los sueldos de los balleneros, y todo el procedimiento de la caza, despiece y reparto de la carne y la grasa de la ballena.

Cada cofradía tenía su servicio de vigías. El vigía, también llamado atalayero, se situaba en un lugar elevado de la costa (atalaya) desde donde podía ver a lo lejos el paso de las ballenas. Seguramente en el Monte Fuxa, o en la zona de San Antonio. Entonces avisaba a los pescadores mediante señales de humo. Por cada ballena avistada y capturada, el atalayero recibía un sueldo.

Al ver la señal, los pescadores salían en lanchas de vela y remo, y se acercaban lo más posible a la ballena. Entonces la arponeaban. Los arpones iban unidos a unas largas cuerdas. La ballena herida nadaba hasta que se agotaba y moría.

Entonces los cazadores la remolcaban hasta la playa. Allí la descuartizaban y se la repartían según las normas de la cofradía.

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De la ballena se aprovechaba todo: la carne se comía, o se conservaba en salazón. La grasa se derretía para obtener aceite para cocinar o para iluminar las lámparas. Las barbas se usaban para cierres de corsés, varillas, abanicos, …, etc. Y los huesos servían para la construcción, o para fabricar herramientas y utensilios, como agujas de coser redes.

A mediados del siglo XVII (hacia 1650) las ballenas francas desaparecieron de nuestras costas y se desplazaron muy al norte. Este fue el fin de la caza de la ballena en Asturias. Los pescadores asturianos tuvieron que dedicarse a capturar otras especies, como el bonito, el besugo o la sardina.

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