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El traje tradicional en Carreño

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El pasado viernes los de 4º fuimos a la Casa de Cultura a visitar una exposición sobre trajes tradicionales en Carreño. Allí escuchamos a Sandra, del grupo de baile San Félix, que nos explicó muchas cosas interesantes.

Los trajes tradicionales eran los que la gente se ponía hace varios siglos. Algunos eran vestidos para trabajar, y otros eran más elegantes, para fiestas importantes, o para tocar la gaita como en el caso de uno de ellos, que perteneció a un gaitero muy conocido. Además de la ropa, también vimos accesorios como pañuelos, medias, gorros y calzado, como madreñes, coricies, chanclos, botas con suela de madera,…, etc. Nosotros ya conocíamos la montera picona, que es el gorro típico de Asturias, pero el otro día vimos el gorro que usaban los marineros hace siglos: se llama sueste, y es negro o azul marino.

En las siguientes fotos puedes ver un detalle de la sala de la exposición, les madreñes o zuecos tradicionales, y los trajes de la mar, de la mujer y del hombre. La mujer lleva saya larga, mandil y manta por encima. También llevaban en la cabeza un pañuelo anudado de una forma especial, llamada a la candasina, porque el nudo va por delante para que no moleste mientras se trabaja. Los hombres llevaban pantalones anchos por abajo, para poder remangarlos al meterse en el agua. También llevaban una casaca azul parecida a las de mahón, una faja, y el gorro llamado sueste.

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En algunas esculturas de Antón podemos ver detalles de la vestimenta tradicional en Candás, la misma que también llevaron durante siglos les muyeres de la paxa:

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Algunos de los trajes y objetos de la exposición eran originales de la época, y otros fueron hechos más tarde a partir de documentos, grabados o fotografías antiguas. Ese trabajo de documentación lo hizo el Grupo de baile San Félix, de Candás, que son quienes organizan la exposición. Es muy importante ese trabajo para recuperar todos estos objetos, que forman parte de la historia y la cultura de nuestro concejo.

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Muyeres de la paxa

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Hasta mediados del siglo pasado, la mayoría de los habitantes de Candás se dedicaban a la pesca y a los trabajos relacionados con ella. El trabajo en la mar era muy duro, tanto para los hombres, como para las mujeres.

Los pescadores madrugaban mucho, y a menudo tenían que soportar el mal tiempo, en embarcaciones de remo y vela, para traer el pescado a casa. Cada especie tenía su temporada de pesca. Por ejemplo, durante el verano se pescaba el bonito o la sardina, y por el invierno se dedicaban al besugo o la merluza.

Cuando los hombres llegaban a puerto, empezaba el duro trabajo para las mujeres, que cargaban el pescado en cestas y lo llevaban sobre la cabeza, caminando muchos kilómetros para venderlo por la calle y por los pueblos de los alrededores.  Si no podían venderlo todo en Candás, iban andando por todo el concejo. Lo llevaban en la cabeza porque era el sitio más cómodo para llevar la paxa, que es como se llama a ese tipo de cestas.

Como homenaje a estas mujeres, la calle en la que está nuestro colegio lleva el nombre de Muyeres de la paxa.

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Candás hace un siglo

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Hace un siglo, Candás era una villa marinera, donde casi todos sus habitantes se dedicaban a la pesca, o a oficios relacionados con la mar, como las fábricas de conservas. Era bastante más pequeño que ahora, y tenía menos habitantes.

Si te fijas en la foto, verás que las casas son bajas, y que en el puerto no hay lanchas de motor; son todas de vela y remo. Los pescadores de Candás las utilizaban para pescar sobre todo sardinas. En la zona de San Antonio, apenas hay casas, y al fondo se puede ver el nuevo faro, que por esa época sustituyó a la antigua farola de la playa.

Candás estaba muy bien comunicada con Gijón y Avilés, a través del tren “Carreño”. En la foto de abajo puedes ver el tren llegando al apeadero. Fíjate que pocas edificios había, y compara con la época actual.

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La farola de Candás

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La antigua farola, situada en la playa de Palmera, es una de las imágenes más características de Candás. Servía como faro, para guiar a los barcos, hace ya más de cien años, y estuvo funcionando durante trece años, desde 1904 hasta 1917 en que fue sustituída por el actual faro de San Antonio. Estaba situada en el llamado peñón de los Ángeles, algo más lejos de donde está ahora.

La farola no fue el primer faro que hubo en Candás. Cuatro años antes, en 1900, se instaló una caseta provisional, en lo alto del Monte Fuxa, con una luz verde que no era de suficiente calidad. Por eso, en 1903 se decide encargar la farola a una empresa muy importante de París: Barbier, Benard & Turenne, que había construído ya muchos faros por todo el mundo. En la base de la farola puedes ver la placa de estos fabricantes.

Hace cien años eran muy frecuentes las grandes construcciones en hierro: torres, faros, puentes, edificios,…, etc. La farola de Candás es un ejemplo de ello.

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La farola está formada por una columna de hierro de 11 m de altura, y en lo alto, una plataforma en la que estaba la linterna del faro, que era de luz blanca y funcionaba con petróleo. Se subía por una escalera, también de hierro. Un farero se encargaba de mantenerla y tenerla siempre funcionando.

En 1917 entra en servicio el nuevo faro, mejor equipado y situado en un lugar más alto y protegido del mar. Además, cuenta con una vivienda para el farero.

En la actualidad, la farola está situada junto a la Peña Furada, otro icono de Candás. Juntas guardan historias de marineros, de barcos y de galernas.

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La caza de la ballena

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En la Edad Media, y hasta mediados del siglo XVII (1650, aproximadamente), la principal actividad de muchos pueblos pesqueros fue la caza de la ballena. Candás, Luanco o Antromero fueron puertos balleneros, y sus actividades se recogen en documentos de la época. La especie que capturaban era la ballena franca, que durante los meses de invierno se desplazaba cerca de las costas del Cantábrico. Este tipo de ballena era la más fácil de cazar, ya que cuando se la arponea y muere, sale a la superficie y flota. Además, era muy apreciada porque su capa de grasa es muy gruesa.

El puerto ballenero de Candás estaba en la zona que ocupa la actual residencia de Perlora. Hasta allí se remolcaban las ballenas capturadas, para descuartizarlas y aprovechar su carne y su grasa.

Pero antes vamos a ver cómo se cazaban las ballenas:

Los balleneros se agrupaban en compañías, que se organizaban en las cofradías de pescadores de cada puerto. Las cofradías ponían las normas que regulaban la caza de las ballenas: las temporadas de caza, los sueldos de los balleneros, y todo el procedimiento de la caza, despiece y reparto de la carne y la grasa de la ballena.

Cada cofradía tenía su servicio de vigías. El vigía, también llamado atalayero, se situaba en un lugar elevado de la costa (atalaya) desde donde podía ver a lo lejos el paso de las ballenas. Seguramente en el Monte Fuxa, o en la zona de San Antonio. Entonces avisaba a los pescadores mediante señales de humo. Por cada ballena avistada y capturada, el atalayero recibía un sueldo.

Al ver la señal, los pescadores salían en lanchas de vela y remo, y se acercaban lo más posible a la ballena. Entonces la arponeaban. Los arpones iban unidos a unas largas cuerdas. La ballena herida nadaba hasta que se agotaba y moría.

Entonces los cazadores la remolcaban hasta la playa. Allí la descuartizaban y se la repartían según las normas de la cofradía.

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De la ballena se aprovechaba todo: la carne se comía, o se conservaba en salazón. La grasa se derretía para obtener aceite para cocinar o para iluminar las lámparas. Las barbas se usaban para cierres de corsés, varillas, abanicos, …, etc. Y los huesos servían para la construcción, o para fabricar herramientas y utensilios, como agujas de coser redes.

A mediados del siglo XVII (hacia 1650) las ballenas francas desaparecieron de nuestras costas y se desplazaron muy al norte. Este fue el fin de la caza de la ballena en Asturias. Los pescadores asturianos tuvieron que dedicarse a capturar otras especies, como el bonito, el besugo o la sardina.

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