Les xanes de Albandi

Presencia del mito en nuestro concejo.

Todo el mundo conoce a les xanes en Asturias. Son una especie de hadas que viven a orillas de los ríos y lagos, y también en las fuentes. Suelen ser hermosas, de larga cabellera rubia, y van vestidas con túnicas. A la orilla del agua se peinan con peines de oro, lavan su ropa, y también tejen madejas con hilos de oro. A veces también bailan y cantan a la luz de la luna, enamorando a los jóvenes del lugar. El estudioso del folklore Aurelio de Llano cuenta que en Piedeloro (Carreño) y en Bocines (Gozón) les xanes tienden la colada al resplandor de la luna. Y en Antromero en los pedreos la gente oye piar a los pitinos de las xanas que viven allí, en las cuevas de la costa.

Escucha La Xana, una canción de Corquiéu:

Parece que no siempre son guapas y buenas; a veces cambian a los niños de otros por sus propios hijos, los xaninos. Pero lo más normal es que sean dulces y hermosas,  y que tengan grandes riquezas para compartir con quien las haga salir de su encantamiento.

Las xanas suelen aparecer en la noche de San Juan, y es entonces cuando se las puede desencantar,  utilizando métodos como echarles una prenda de lino que haya estado en una iglesia, darles un bollo de pan, o tirar del hilo de oro de sus madejas. Esto último tiene que hacerse con mucho cuidado, porque si se rompe el hilo la xana no sale de su encantamiento, ni comparte sus riquezas.

En casi toda Asturias hay lugares relacionados con este personaje, como el Desfiladero de les Xanes, y una multitud de fuentes llamadas de les xanes. Por ejemplo, en Carreño tenemos varias: en Piedeloro, en Guimarán, y en Albandi, donde además de la fuente también hay un lugar llamado La Xana.

Y precisamente de Albandi se cuenta una leyenda que recoge Marino Busto, en la que les xanes lavaban su ropa y cuidaban también la de las vecinas del pueblo, que la dejaban tendida al fresco durante la noche. Las xanas la recogían y la doblaban cuidadosamente, antes de que se mojase por el orbayu. Cuando las mujeres volvían, la ropa estaba perfectamente seca.

Y un vecino de Albandi viudo y con tres hijos se enamoró perdidamente de una xana. Cuando estaba con ella podía escucharse a lo lejos una quejumbrosa canción que decía:

Tu padre te espera,
tu madre te llama,
tus neños tan solos
y tú con la xana.